La privatización de la seguridad

Dentro de la tendencia general de la retirada del Estado en competencias que hasta ahora le eran exclusivas, como la diplomacia, o la defensa, la Unión Europea ha puesto en marcha un programa de desarrollo de e investigación en tecnologías de seguridad y defensa, como el control militarizado y robotizado de fronteras, la implementación de huellas dactilares en pasaportes o el desarrollo de sistemas biométricos de identificación.

Gran parte de este programa de desarrollo ha sido diseñado y creado por las mismas empresas privadas que se beneficiarán luego de una inversión pública de 1.400 millones de euros, y cuyo objetivo es competir con las empresas privadas americanas dedicadas a seguridad nacional, cuyo nivel de inversión en este tipo de investigación les ha permitido tomar la delantera.

Unfortunately, in its haste to cash-in on the homeland security boom, the EU has effectively outsourced the design of its security research agenda to some of the corporations that have the most to gain from its implementation.

It has created bodies outside the formal structure of the EU, beyond parliamentary scrutiny and democratic control. The result is a public research programme designed by lobbyists, for lobbyists, with corporations invited to shape the objectives and annual priorities, and then apply for the money on offer.

Defence giants, including Thales, Finmeccanica, EADS, Sagem Défense Sécurité and ASD (Europe’s largest defence industry lobby group), are among a host of multinationals to which the European commission has turned to help set the agenda for security research, develop homeland security strategies for Europe, and bring the relevant security technologies “to market”.

Más en The Guardian.

Puede ser peor: cámaras de vigilancia en casa

El gobierno del Reino Unido planea gastarse unos 400 millones de euros en poner cámaras de vigilancia en los hogares de más de 20.000 familias consideradas disfuncionales o antisociales, para intentar que se estabilizen y lograr un mejor hogar para los niños.

It gets worse. The government is also maintaining a private army, incredibly not called “Thought Police”, which will “be sent round to carry out home checks,” according to the Sunday Express. And in a scheme which firmly cements the nation’s reputation as a “nanny state”, the kids and their families will be forced to sign “behavior contracts” which will “set out parents’ duties to ensure children behave and do their homework.”

Criminalizando la disensión

La defensa de la privacidad como derecho no es el único motivo para estar en contra de la implantación de sistemas y dispositivos de vigilancia y control. Ni siquiera sería el más importante, para mí. Hay más razones de peso, como el potencial de abuso que existe cuando estos procesos de control están institucionalizados e implantados.

Y aunque hoy existan ciertas garantías, judiciales o de otro tipo, ante su uso malicioso, nada garantiza que esas garantías existan en un futuro, ni que no se puedan esquivar en el presente. De hecho, a diario vemos como éstas se reducen cada vez más, y el uso de grandes pretextos como la lucha antiterrorista se empieza a aplicar para castigar y perseguir la simple disensión. El no estar de acuerdo con la actual organización, política o económica del estado, es suficiente para ser sospechoso de terrorismo.

Entre los ejemplos, además de la reciente ilegalización de un partido político por sus vínculos, no ya con organizaciones terroristas, si no con otros partidos políticos ilegalizados, encontramos el caso de los 9 de Tarnac. Este caso es especialmente significativo, porque los servicios de seguridad franceses acuñan el término pre-terrorista, para definir aquello que podría convertirse en enemigo del estado. Policía preventiva, como en Minority Report. En Estados Unidos, una iniciativa legislativa, que aunque fue aprobada por el Congreso parece haberse quedado parada en el Senado, llamada Homegrown Terrorism Prevention Act (Ley de Prevención del Terrorismo Doméstico) tenía como objetivo prevenir la radicalización de estadounidenses, y su posible conversión en terroristas.

Ésta es la amenaza. Que estar en desacuerdo y desafiar el status quo sea motivo suficiente como para ser vigilado y criminalizado, y la puesta en marcha de sistemas de vigilancia de masas restrinja no sólo nuestro derecho a la privacidad, si no también nuestro derecho a disentir.