Criminalizando la disensión

La defensa de la privacidad como derecho no es el único motivo para estar en contra de la implantación de sistemas y dispositivos de vigilancia y control. Ni siquiera sería el más importante, para mí. Hay más razones de peso, como el potencial de abuso que existe cuando estos procesos de control están institucionalizados e implantados.

Y aunque hoy existan ciertas garantías, judiciales o de otro tipo, ante su uso malicioso, nada garantiza que esas garantías existan en un futuro, ni que no se puedan esquivar en el presente. De hecho, a diario vemos como éstas se reducen cada vez más, y el uso de grandes pretextos como la lucha antiterrorista se empieza a aplicar para castigar y perseguir la simple disensión. El no estar de acuerdo con la actual organización, política o económica del estado, es suficiente para ser sospechoso de terrorismo.

Entre los ejemplos, además de la reciente ilegalización de un partido político por sus vínculos, no ya con organizaciones terroristas, si no con otros partidos políticos ilegalizados, encontramos el caso de los 9 de Tarnac. Este caso es especialmente significativo, porque los servicios de seguridad franceses acuñan el término pre-terrorista, para definir aquello que podría convertirse en enemigo del estado. Policía preventiva, como en Minority Report. En Estados Unidos, una iniciativa legislativa, que aunque fue aprobada por el Congreso parece haberse quedado parada en el Senado, llamada Homegrown Terrorism Prevention Act (Ley de Prevención del Terrorismo Doméstico) tenía como objetivo prevenir la radicalización de estadounidenses, y su posible conversión en terroristas.

Ésta es la amenaza. Que estar en desacuerdo y desafiar el status quo sea motivo suficiente como para ser vigilado y criminalizado, y la puesta en marcha de sistemas de vigilancia de masas restrinja no sólo nuestro derecho a la privacidad, si no también nuestro derecho a disentir.

Stella Rimington, ex-directora del MI5

Sería mejor que el Gobierno reconociera que existen riesgos en lugar de atemorizar a la gente para poder aprobar leyes que restringen las libertades, precisamente uno de los objetivos del terrorismo: que vivamos atemorizados y bajo un Estado policial.

Stella Rimington, ex-directora de los servicios secretos británicos, en La Vanguardia.

Viviendo bajo vigilancia

Aún existe un gran número de personas que no se inquieta ante la expansión de la sociedad de control, ante la masificación de la vigilancia. Si no tengo nada que ocultar, si no he hecho nada malo, no tengo nada de lo que preocuparme ¿no es cierto?

En el verano de 2007, Andrej Holm, un activista y sociólogo alemán que trabaja en temas de gentrificación y desarrollo urbano fue detenido bajo acusaciones de terrorismo. La policía y el servicio secreto lo acusaban a él y a otras cuatro personas de ser los autores de los textos del Militante Gruppe, una organización conocida en Berlín por ser autores de daños contra la propiedad (incendio de coches o edificios, pero nunca contra otras personas). Las sospechas contra él se fundamentaban en sus intereses como investigador, su condición de activista, su ideología, y comportamientos “sospechosos” o “conspirativos”: no llevar su móvil siempre consigo o encriptar su email.

La irrupción en su casa la madrugada del 31 de julio de 2007 de fuerzas especiales que se lo llevan detenido, el registro de su casa durante horas mientras su pareja y sus hijos de 2 y 5 años desayunan bajo la mirada de un policía armado, las tres semanas que pasó encarcelado y el reflejo en los medios de la noticia como una victoria policial es sólo el punto de inflexión de una historia que había comenzado muchos meses antes y que aún no ha terminado. Andrej Holm y su pareja Anna Roth son conscientes de estar siendo vigilados en todo momento. Saben que sus emails son leídos, sus llamadas interceptadas, sus movimientos vigilados a través de cámaras y su localización monitorizada a través del móvil. Anne decidió entonces comenzar un blog acerca de su vida bajo vigilancia.

En esta muy recomendable entrada, Anne resume de forma completa todo este proceso que ha transformado sus vidas y su uso del blog como una herramienta de autodefensa y de activismo. Ya que la privacidad es un lujo que no se pueden permitir, exponer públicamente la situación les ayuda a superar el miedo y a generar dudas y cuestiones acerca de la legitimidad y la efectividad de los métodos de vigilancia masiva. Para ellos, ahora la vigilancia y el control son parte de su vida cotidiana.