Marc Garrett ha escrito una crónica en Furtherfield.org sobre la cuarta edición del festival y simposio Radiator, celebrado en Nottingham en Enero de este año y que en esta edición contenía una exposición colectiva sobre tecnologías de vigilancia.
Además, el simposio también trataba de otros temas del gusto de Por Tu Seguridad, como es la tensión entre espacio público y privado. Del texto de presentación del festival:
In this fourth Radiator Festival, you will see artists who are hacking the city – discovering new exploits in the social fabric of the system. Much of their work mirrors the checks and controls the average urban dweller faces every day – capturing data, monitoring systems, compiling databases, writing new architectures in spaces that lie between the here and now and the all-too-soon-to-be-upon-us.
Resumen La importancia de lo visual en nuestra sociedad, ha dotado de un poder comunicativo a actividades como el diseño, el arte y la publicidad, tanto que pueden llegar a considerarse sistemas de control social. Esto unido a la cantidad de información e imágenes que nos bombardean diariamente y a la que tenemos acceso por los nuevos medios como internet, crean un sentimiento de desorientación producido por la sobre-información.
Este sentimiento global, se ha convertido en una fórmula de trabajo en varios campos de la comunicación , creando confusiones y engaños que se utilizan con distintas intenciones.
Artistas que usan técnicas propias de empresas y gobiernos, para expresar críticas justamente contra esos perfiles, empresas de marketing que utilizan medios propios de activistas y artivistas para vendernos un producto o partidos políticos que crean video juegos para conseguir votantes.
Desorientación
Desde la BauHaus, que marcó las pautas del diseño actual hasta nuestros días, la evolución del mismo, del arte y la publicidad ha cambiado considerablemente “ desde la silla en la que usted se sienta hasta la página que está leyendo” este lema de Von Eckardt1 nos habla de un diseño global, desde el editorial hasta el industrial, pasando por el gráfico, pero no sé si podían imaginar hasta que punto lo visual se convertiría en una herramienta de comunicación tan potente como lo es ahora, llegando a poder considerarse como un sistema de control social. Entiendo que lo intuían, al igual que todos los que nos dedicamos a alguno de estos campos, arte, fotografía, diseño, sabemos el poder comunicativo que poseen estas herramientas.
Por supuesto, tenemos que tener en cuenta que estamos inmersos en una sociedad capitalista, rodeados de imágenes de todo tipo, campañas publicitarias y de marketing, ¿quién no ha comprado alguna vez un producto más caro por su aspecto? todos. Incluso aquellos que por nuestra profesión conocemos las características de este sistema.
En este artículo me planteo un pequeño juego de análisis y de crítica a la vez, es curioso pararse de vez en cuando a observar algunos de los estímulos visuales que recibimos,
porque está de más decir que con la cantidad de imágenes que consumimos habitualmente es imposible pararse a analizarlas, con esto también se juega, absorbemos información que no podemos clasificar ni analizar. La sobreinformación produce desorientación.2 Algo común en los medios de comunicación actuales; prensa, radio, televisión, internet.
Con el término de desorientación trabajan perfiles tan dispares y a la vez tan cercanos como artistas y publicistas, al fin y al cabo comunicadores. Jugando al engaño, a utilizar propiedades visuales y éticas que atribuimos a un grupo determinado (por que pertenecen nuestra memoria colectiva occidental ya que siempre fueron utilizadas de esta forma, por ese tipo de colectivo o para ese uso determinado.
Artistas que usan técnicas propias de empresas y gobiernos, para expresar críticas justamente contra esos perfiles, empresas de marketing que utilizan medios propios de activistas y artivistas para vendernos un producto puramente comercial o partidos políticos que utilizan sistemas de entretenimiento para conseguir votantes: desorientación.
Por su seguridad. Exposición en Espacio Menosuno [09]
escultura + instalación interactiva diapositivas.
“Ante una sociedad en la que la privacidad se ha tornado casi delito, en la que los individuos quieren observar al prójimo a costa de ser observado a su vez. Todo es válido con tal de sentirnos seguros.
Escultura, poste monopie sacado de la propia ciudad en la que se han instalado 4 cámaras de vigilancia para observar y ser observado. Presentado a modo de escultura pública, como resultado de un estudio de campo previo.”
No es de extrañar que el actual clima de registro tecnificado permanente de imágenes y datos de carácter personal en el ámbito público y privado se haya convertido en un tema de reflexión recurrente en creación en Arte en general y en cuanto a Media Art en particular se refiere. Videoartistas como Warhol, en videos como Outer and Inner Space (1965), Peter Weibel en Observation of the Observation: Uncertainty (1973), Dan Graham en Time Delay Room I (1974) o Sophie Calle en las series fotográficas de espionaje Suite Vénitienne y Detective (ambas de 1980) reflexionaban sobre la vigilancia, el control y la observación antes de que las tecnologías digitales entraran de lleno en la escena artística. El tema, por lo tanto, no es original, pero si que se intensifica y se crean nuevas líneas de trabajo sobre el mismo en las últimas décadas, coincidiendo con la proliferación de todo tipo de sistemas de control que reproducen, amplificada, la mirada panóptica diseñada y propuesta por Bentham.
La postura crítica es sin duda la faceta más conocida de la mayoría de las creaciones de Media Art que tienen el control y la vigilancia tecnológica como tema central de trabajo (CCTV (Close Circuit Television) (1996) de Heath Bunting, Securityland (1996) de Julia Sher, Carnivore Project (2001) , proyecto desarrollado bajo el auspicio del Radical Software Group (RSG) , o las acciones desarrolladas por los Surveillance Camera Players desde 1996) En buena parte es debido a que has sabido captar la cada vez más extendida actitud negativa relacionada con la percepción de los sistemas técnicos desarrollados para favorecer las bases del poder gubernamental o empresarial. Sin embargo, es de recibo rescatar, defender y dar a conocer aquellas obras que utilizan las tecnologías de control con fines que poco o nada tienen que ver con la crítica artivista de diferente nivel hacia el espionaje autorizado que se ha implantado en nuestras vidas. Son trabajos en las que el uso de la tecnología como herramienta tiene más una función de descubrimiento de nuevas experiencias de carácter íntimo y profundo asociadas con la identidad y el aprendizaje transmitido cada vez con más asiduidad por medios informáticos y electrónicos.
A qué nos referimos…
Dentro de este grupo destacamos piezas como 1 year performance video (aka samHseihUpdate) (2004) del colectivo estadounidense de origen finés MTAA (M. River & T. Whid Art Assoc.) formado en 1996 e integrado por dos creadores que suelen trabajar en obras comprometidas políticamente, sin embargo, en 1 year performance video… reexaminan y adaptan a la red One Year Performance 1978-1979(aka Cage Piece) de otro artista afincado en Estados Unidos, el taiwanés Teching (Sam) Hsieh. Si en la obra original Hsieh fotografió su encierro voluntario de un año en un pequeño receptáculo, en la versión de MTAA los visitantes contemplan on-line las imágenes de los componentes del colectivo en dos celdas contiguas. Lo que parece ser una escena real en directo, realmente es un vídeo grabado que únicamente se activa cuando el espectador accede a la página: la Red consigue engañar a nuestros sentidos jugando con nuestra percepción espacio-temporal.
La vivencia que se adquiere al utilizar The Third Eye, dispositivo diseñado por Takehito Etani es de carácter más intimista. Se coloca en la cabeza del usuario para ofrecer una experiencia poco habitual: contemplar nuestro propio cuerpo en tercera persona. Con la ayuda de un sistema de visión conformado por un monitor de dos pulgadas y una cámara colocada detrás de la cabeza, permite contemplar al individuo que lo porta a si mismo desde su espalda mientras camina. El resultado, irónicamente, es similar al que se experimenta cuando jugamos con un videojuego: podemos visionar la nuca de nuestro personaje, a pocos centímetros detrás de la acción.
The Third Eye es una de las propuestas pertenecientes a la serie de videoperformances que Etani denomina “de prótesis espirituales”, entre las que se encuentra Masticator (2005)
En ellas pretende indagar a través de técnicas de videovigilancia sobre su propia identidad en acciones que se pueden relacionar perfectamente en lo formal con el espíritu de investigación entre lo real y lo virtual desarrollado en la pionera Rara Avis diseñada por Eduardo Kac hace más de dos décadas.
En la videoinstalación proyectada en el suelo Pedestrian (2002) de Séller Eshkar y Paul Kaiser, el espectador contempla como si estuviera sobrevolando la escena la acción de diversos grupos de personas en diferentes espacios públicos que se yuxtaponen. Ninguna mira al cielo, se inmuta o muestra temor, porque desconoce la existencia del vigilante.
Pedestrian nos sitúa como observadores omniscientes que contemplan la ciudad en a vista de pájaro sin que su mirada transforme las acciones que se van sucediendo en la proyección. La mirada controladora no se relaciona en ningún momento con los habitantes de esta ciudad gris llena de vida, aunque en ocasiones la sombra del visitante se introduzca dentro de la escena.
La obra de Eshkar y Kaiser se inspira en Multitudes y poder (1960), libro de Elias Caneti en el que se examina el comportamiento sumiso y gregario de las multitudes, hecho desconocido por muchos de los espectadores de la obra, lo que le hace portadora de una doble lectura que fluctúa entre los matices críticos que representa y los aspectos lúdicos que suele transmitir a los no concienciados sobre los efectos del control y la vigilancia[i].
En este grupo de trabajos descubridores de nuevas sensaciones se destaca a menudo el uso cada vez más habitual de las tecnologías de control como herramienta de escenografía o ambientación. Compañías teatrales como la Fura dels Baus la incorporan en este sentido, desde hace años, en buena parte de sus representaciones. Utilizando un sistema de cámaras que transmite directamente a la pantalla situada en el escenario, las imágenes se emiten en tiempo real convirtiendo al espectador en muchas ocasiones en actor de la obra. La disminución de su coste, su perfeccionamiento y fiabilidad han hecho que este recurso haya sido apropiado desmesuradamente en conciertos, exposiciones y cualquier tipo de evento de carácter audiovisual, lo que ha disminuido considerablemente su impacto entre el público más exigente y receptivo ante experiencias de carácter innovador.
Este recurso ya había sido utilizado en obras de arte anteriormente. Tony Oursler, por ejemplo, lo implementó en su trabajo Switch, Theory vs Everyday Experience (1995).
Tony Oursler. “Switch” installment (1996)
En una de las secciones de las que se compone la obra, Wall Projections, Oursler conseguía trasladar todo lo que acontecía en la parte exterior del museo al interior del mismo. Gracias a una videocámara conseguía transformar radicalmente el espacio jugando con la tecnología como si de la cámara oscura más clásica se tratara.
Marcus Kison aplica una metodología similar en Roermod-Ecke-Schönhauser (2006), una bella y sutil instalación en la que se sirve de maquetas, espejos y cámaras para introducir en la sala la forma dinámica de un espacio exterior: la vida real que transcurre en la plaza de la ciudad en la que expone su pieza. Kison utiliza para ello cuatro cámaras que envían video en streamming desde cuatro puntos de la ciudad. Utilizando estas imágenes modela con una impresora de 3D la forma de los edificios, sobre los que irá proyectando posteriormente los videos mediante un sencillo sistema de espejos. Como en el caso de Pedestrian, Roermod-Ecke-Schönhauser consigue reproducir un extracto de realidad liliputiense ante la mirada curiosa del espectador que asiste a un merecido homenaje a las técnicas más tradicionales de ambientación teatral rememoradas desde una cierta mirada de inocencia y admiración infantil.
Para terminar…
Si las prácticas iniciales de la videoinstalación ya incluían la participación del espectador sin que éste lo supiese, a través de videocámaras, puntos de vista y herramientas de trabajo se han diversificado con los años permitiendo a los artistas apropiarse de todo tipo de tecnología de control y vigilancia para convertirla en herramientas de creación, ampliado de este modo sus límites. Dado el importante volumen y calidad de las obras producidas hasta el momento, nos parece interesante diferenciar las principales líneas de trabajo que se han venido desarrollando hasta el momento en lo que a New Media Art relacionado con vigilancia y control tecnológico se refiere para evitar la idea bastante reduccionista que se tiene hasta ahora sobre el tema. Seamos serios: ni todo es videovigilancia, ni todas las obras son críticas ni todas las obras artísticas que utilizan estos sistemas técnicos tienen relación con los planteamientos de Focault o Bentham.
Aunque reconocemos que personalmente nos llaman poderosamente la atención las posturas críticas sobre el tema (tal como podéis comprobar en Destapa el Control o en Por tu seguridad), estamos convencidos, de que la difusión de este otro tipo de obras que más que hablar de videovigilancia y/o control en estado puro, utilizan su tecnología para crear nuevas experiencias y sensaciones, nos permitirá convertirnos en espectadores privilegiados de nuevas líneas de trabajo creativas no exploradas hasta el momento.
De todos modos, estate atento y ¡controla el control!
Una manera pragmática de evidenciar que no todo control es lo que parece, la he encontrado en la web del artista Brad Downey, un escultor urbano que utiliza el mobiliario público para lanzar sus impactantes mensajes subversivos, que primero descolocan a los viandantes para después invitarles a cambiar rutinas y flujos de movimiento en la vida diaria.
En este caso se trata de un vídeo llamadoCCTV Take-Down, 2005 en el que el artista, a cara descubierta y con toda la tranquilidad del mundo, va desmontando una por una las 5 cámaras de vigilancia de un edificio de Londres.
Cuando termina su tarea, y el zoom se acerca a los dispositivos desmontados, se descubre que dentro de la carcasa no había ningún sistema de vigilancia.
No me extrañaría que en Madrid pasara lo mismo, en muchos de los edificios en los que las vemos instaladas…
A principios de mes, la gente de Ekosystem nos descubrían el trabajo de F-A en la ciudad de Marsella. La idea es sencilla, pero creo que refleja bien uno de los problemas principales de la seguridad y la vigilancia: ¿Dónde está el límite entre lo admisible y lo absurdo? ¿Es un límite fijo o lo estamos moviendo continuamente?
Sus obras consisten en pegatinas que advierten a la gente de que están siendo registradxs -cómo no- por su seguridad. En el caso de arriba, “por su seguridad, todas las huellas descubiertas en este área (un cajero automático) serán analizadas y registradas durante 10 años”. En el caso de abajo (en un ultramarinos), “por su seguridad, cualquier ADN encontrado en este área (de pelo, piel o saliva) será analizado y registrado durante 10 años”.
Si te las encontraras en tu entorno, ¿pensarías que son ficción o realidad?
BEATRIZ COLOMINA Seminario. Vigilancia: la arquitectura en la era post-Sputnik 29, 30 y 31 de octubre. 18.30-21.00 h Este seminario analizará la transformación crítica de la relación entre el espacio interior y exterior en la arquitectura moderna como síntoma clave del surgimiento de la cultura de la vigilancia. Esta transformación resulta más evidente en el espacio doméstico, el cual deja de ser simplemente un territorio limitado opuesto al espacio externo, sea éste físico o social. El análisis de casas modernas servirá como marco para acusar los desplazamientos contemporáneos de la relación entre espacio privado y público, la circunvolución de las fronteras entre lo interior y lo exterior producida por la realidad emergente de las tecnologías de la comunicación y la vigilancia: el teléfono, la radio, el cine, la televisión, los ordenadores, Internet, los satélites, etc. El punto de inicio de este estudio parte de que la arquitectura ha sido completamente transformada por las nuevas espacialidades de los media y de que la arquitectura, en sí misma, siempre ha actuado como una forma de media.
Muchos artistas marcan su territorio con bonitas frases, casi todas ellas bienintencionadas y poéticas, con la intención de captar la atención de los transeuntes, ahora el artista Evan Roth, con su proyecto TSA Communication,ha querido dedicar sus intencionados mensajes a los agentes de seguridad de las aduanas .
Sí, precisamente a esos que se dedican profesionalmente a escrutar el equipaje de mano, los botecillos y si las leyes no lo remedian, las intimidades anatómicas de los viajeros, ellos son los afortunados receptores de los mensajes subversivos de este artista.
Y ¿de qué manera consigue hacérselos llegar?… pues por el conducto lógico… mediante el equipaje de mano que pasa por el escáner.
Para ello introduce en su mochila una plancha de acero inoxidable con los mensajes troquelados por técnica láser, de manera que cuando pasan por los rayos, el texto aparecer claramente en el monitor del agente de aduana.
El carácter lúdico de los mensajes, provocativos pero sin llegar a transmitir amenazas ocultas, hace que finalmente no se pueda actuar contra el portador de la plancha con lo que después de la primera sorpresa y de los momentos de dudas, el artista logra transmitir su mensaje y después tomar un avión.
Una manera curiosa de que el arte llegue a los aeropuertos y de que los trabajadores de aduana lo vean. Que no todo va a ser mirar cuerpos desnudos…