“Seguridad en ti misma ¿hay algo más valioso? Ausonia. Muy segura. Muy mujer” (letras blancas sobre fondo rosa) si no fuera porque la he conocido a través de su variación “es una fieshhta” me pondría a llorar aunque he de reconocer que no desmerece para nada su anterior slogan menstrual: “Me gusta ser mujer” y una puede tener el día de apreciar la poesía de ¿a qué huelen las nubes? (o no) pero el rollo Coixet no deja de ser el rollo Coixet y con la línea de Ausonia no puedo; en cualquier caso, en cuanto a femineidad, he de reconocer que Tampax se lleva la palma con sus tampones extra protección “skirt
más allá de la higiene íntima femenina, el engranaje de la seguridad aparece como camuflada herramienta de control.
[...], Foucault nos ofrece en El ojo del poder y Vigilar y castigar las claves fundamentales necesarias para poder contrastar el panopticismo a las actuales prácticas de control y vigilancia globalizada a través de la mirada digital. Los
surveillance studies nos proporcionan una rica fuente de información para esclarecer la relación entre el panopticismo y la generalización de los actuales sistemas de vigilancia en el tardocapitalismo. Mª Elena Úbeda Fernández, La mirada desbordada: el espesor de la experiencia del sujeto estético en el marco de la crisis del régimen escópico.
para un peligro, llamado a tener el protagonismo suficiente como para impregnar de miedo nuestras vidas y sólo hay otra palabra que en estos momentos se pueda medir con ella (no hace falta hurgar mucho para que aparezca en nuestras mentes): crisis. [calificando a la crisis de "muy posmoderna" Glucksmann sugiere lo que llama inteligencia alerta que a unos topillos como nosotros puede llevarnos a jugar a ser Ricitos de Oro o el Inspector Gadget o considerar otras vías (aunque, realmente, en materia económica, deberíamos estar hablando de temas como el phishing)]
La vigilancia centralizada y jerárquica se transforma en las sociedades tardomodernas en una vigilancia basada en una visibilidad en la que intervienen múltiples miradas –entretejidas o cruzadas entre sí y descentralizadas- que transmiten la información instantáneamente y con un control continuo y ubicuo. Deleuze ve en el surgimiento de las nuevas formas de control post-panóptico un tipo de control nomádico, es decir, que está en continua formación, mutación y movilidad. Deleuze habla de “modulación” en confrontación con “molde” que se corresponde al sistema de confinamiento del panóptico. Retomando la utilización del término “endofísica” por Weibel, Juan Martín Prada confirma la hipótesis de que llega el final del panóptico y la hegemonía del “pantopicon” (pan + topos). Es decir, el paso de un pensamiento de un punto de vista privilegiado y distanciado o ver todos los lugares desde un solo lugar, al de la ubicuidad, estar en todos los lugares a la vez por medio del uso de la opto-electrónica. El control del que habla Deleuze va más allá de la opto-electrónica, pues es un control que se “auto-transmuta” y carece de una entidad tangible, pues como un gas está inserto en todos los lugares dentro de la sociedad del consumo y los negocios: rivalidad y competición, auto-mejora en un ciclo sin fin, para el que la identidad del sujeto está basada en porcentajes, códigos y datos bancarios. Mª Elena Úbeda Fernández, La mirada desbordada: el espesor de la experiencia del sujeto estético en el marco de la crisis del régimen escópico
hace ya unos cuantos meses que me leí este LIBRO y aún ahora me estremezco al extraer este fragmento y comprobar su paladar a (tele)diario
Ni en las terminales de aeropuerto de vuelos nacionales o a otros puntos de destino, ya sean comunitarios o al resto del mundo. Ni en las líneas de metro, trenes y autobuses, por muy seguras que te parezcan. Ni en cafés, discotecas y otros locales de esparcimiento nocturno. Ni en oficinas, talleres, fábricas y demás lugares de trabajo. Tampoco en edificios administrativos, bancos y hospitales habitualmente atestados. Ni en estadios, conciertos raperos ni sitios incluidos por las agencias de viaje en sus circuitos turísticos. Las horas punta y los atascos urbanos son particularmente peligrosos. Como los ascensores, rascacielos, grandes almacenes y aparcamientos subterráneos. Sobre todo, no te quedes en casa a hojear los periódicos, seguir la tele o follar con tu cónyuge. Ése será siempre nuestro objetivo estratégico primordial. Juan Goytisolo, El exiliado de aquí y de allá, “No estés donde no deberías estar”
(en el DIARIO también, más adelante, una mañana, leía en esta columna de Manuel Vicent:
Si en cualquier aeropuerto del mundo me obligan a quitarme el cinturón con el riesgo de que se me caigan los pantalones; si además tengo que pasar descalzo por el escáner como si entrara en una mezquita; si el altavoz repite continuamente que vigile mi equipaje de mano para que nadie coloque en él una bomba; si cada vez que se sienta a mi lado en el avión un individuo con rasgos árabes pienso que voy a saltar por los aires, debo deducir que esta paranoia es parte sustancial de la victoria de Bin Laden. Uno soporta esta humillación en beneficio de la propia seguridad y la de todos. Hasta aquí nada que objetar, salvo que estas normas extraen de nuestra pobre alma lo que en ella hay de oveja churra o merina. Pero en esta guerra existe otra degradación más alarmante. En la civilización occidental los derechos humanos han sido arduamente conquistados a lo largo de la historia…)
pero sólo en la RED y, casi sin pensarlo, me encuentro ahora el complemento adecuado para rasgarme las vestiduras a lo Superman (y esto señala que es el momento de recopilar la información para darle forma hipertextual -Goytisolo nuevamente:
Para reconstruir resulta indispensable destruir. Para limpiar el aire que diariamente respiramos, debemos contaminarlo de antemano. Para vender productos ecológicos, habrá que infectar el mundo con nuevas especies de virus y bacterias. Juan Goytisolo, El exiliado de aquí y de allá, “Nociones de lógica”-)
en fin, por mi parte, intentaré evitar dejarme mediatizar por el temor que me haga complaciente con la vigilancia gratuita al mínimo movimiento, al mínimo estatismo sabiendo que algún caramelo tiene más peligro que un escáner pero con la tranquilidad de que para que eso dé lugar a una situación de pesadilla necesitaremos como condimento la paranoia de algún novelista, así que al echarme las cuentas de seguridad me salen sustractivas [por lo que, si fuesen colores, serían luz; negra su ausencia] y si intento tomarle las medidas al alcance de lo público y lo privado [1] determinaría la necesidad de conocer las reglas del juego para ser consciente del potencial alcance de nuestros actos cotidianos o del uso que se puede dar a un rastro que, sin embargo, nosotros preferiríamos sabersiempre como huella borrada en la arena.
[1] a decir verdad no me aclaro mucho entre el mundo analógico y el digital,
o termino por no distinguir muy bien entre ‘dentro y fuera‘, o preferiría ser una nativa digital o (aun) plantearme empezar desde cero con lo más asequible, algo tipo Pocoyo (pero tal vez sea ya un poco tarde].
Texto publicado por Gemma Aguilar en su blog Hipertextualidades, vomitonas visuales y otros vicios culturales y que amablemente nos ha cedido para PTS.
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Comments ( 1 Comment )
coolture added these pithy words on Jan 26 09 at 12:45 pmhey!
felicidades por el blog, estuvimos el otro día en la charla en La Quimera.
la foto que adjuntais al final del artículo es una obra de evan roth
http://evan-roth.com/tsa-communication.php








