La UE como sociedad vigilada

El Transnational Institute y la ONG Statewatch han publicado un informe llamado NeoConOpticon en el que examinan el Programa Europeo de Investigación en Seguridad. Bajo ese programa se han invertido 1.400 millones de euros en 85 proyectos hasta finales de 2008, y muestra cómo la mayor parte del diseño de ese programa se externalizó a las propias empresas que recibían la inversión.

Statewatch mantiene un blog, desde donde se puede descargar el informe, y que continúa informando sobre la política de defensa y seguridad de la Unión Europea, las empresas privadas que presionan para aumentar la inversión pública en este tipo de tecnologías y sus consecuencias para las libertades civiles.

Erasing David: un documental sobre el estado de vigilancia

David Bond es un cineasta británico preocupado por el aumento de los sistemas de vigilancia creados por el estado, desde videocámaras o bases de datos a monitorización online. Un día decide poner a prueba  su privacidad y averiguar cuánto saben de él tanto el gobierno como empresas privadas.

Para ello, David Bond contrata a unos investigadores privados, que dispondrán de 30 días para encontrarle después de que haya desaparecido, con su nombre como único punto de partida. La mayor parte de las técnicas que usan los investigadores caen más dentro de la ingeniería social, como crear un perfil falso en Facebook e invitar a los amigos de David, o enviarle un email a su blackberry esperando que clicke en el enlace que contiene para trackear su posición, pero también son capaces de conseguir una gran cantidad de información sobre él accediendo a bases de datos.

El documental que sale de esta premisa no se queda simplemente en la anécdota de la persecución, algo con lo que también experimentó la revista Wired, si no que también analiza qué sucede cuando apareces en la base de datos equivocada, o cuánto saben de él empresas y gobierno, enviando peticiones de acceso a su información a más de 80 entidades.

At its most basic, ERASING DAVID is a film about privacy. It’s also a film about identity, security, liberty and rights – and what we mean by each of those terms. Whether you agree with David’s arguments or not, in a world which is ever more monitored, it’s surely worthwhile investigating these questions further..

El Parlamento Europeo rechaza el secretismo del ACTA

En una votación que no ha dejado lugar a dudas (633 a favor, 13 en contra y 16 abstenciones), el Parlamento Europeo ha aprobado una resolución en la que critican duramente el secretismo de las negociaciones del Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA), un tratado de comercio multilateral cuyo objetivo es armonizar y endurecer las leyes de protección de la propiedad intelectual.

La resolución del Parlamento Europeo se lamenta de que el tratado no se esté negociando en los foros públicos que serían habituales y apropiados para este tipo de propuesta legislativa, como el WIPO (World Intellectual Property Organization), y amenaza a la Comisión Europea con llevar el asunto a los tribunales si el texto del ACTA no se hace público. Frente a esta exigencia, Karel de Gucht, Comisario Europeo de Comercio, ha respondido que no podrá hacer público el actual borrador del tratado sin consultarlo previamente con el resto de países en la próxima ronda de negociaciones:

We have tried to raise this issue for several years in multilateral organisations like the WTO or the World Intellectual Property Organisation, but these attempts were systematically blocked by other countries.

(…)

As you probably know, there is an agreement amongst ACTA parties that the negotiating text can only be made public if all parties agree.

The Commission is in favour of releasing the negotiating documents as soon as possible. However, a few ACTA negotiating parties remain opposed to an early release.

I strongly disagree with their approach, but I can not unilaterally breach a confidentiality commitment. My credibility as a negotiator is at stake. Nevertheless, I will see to it that at the next negotiating round, in April, the Commission will vigorously push its negotiating partners to agree to release the text and I will raise European Parliament concerns bilaterally with ACTA parties like the US I am scheduled to meet before then.

It is in the interest of all, that everyone can have a clear idea of what exactly these negotiations are about, and, even more importantly, also of what they are not about.

En este mismo discurso de Karel de Gucht en el Parlamento Europeo hay otro detalle interesante:

The EU does not support and will not accept that ACTA creates an obligation to disconnect people from the internet because of illegal downloads.

Aunque en el ACTA no exista la obligación de crear leyes tipo “three-strikes”, en el último borrador que se filtró a través de Wikileaks sí se recogía esta solución como recomendada.

La votación celebrada en el Parlamento Europeo no rechaza abiertamente el tratado, pero supone un golpe al secretismo con el que se han venido realizando las negociaciones, que han impedido un mayor escrutinio público.

“Es peligroso que una sociedad democrática se acostumbre a la presencia de cámaras”

Noticia en lainformación.com

Madrid ya cuenta con 198 en sus calles y plazas, y otras 15 en semáforos. La videovigilancia pública también ha seducido a Barcelona, Valencia o Bilbao, entre otras. Los ciudadanos las aceptan y las piden. Pero hay asociaciones que denuncian sus riesgos para la intimidad y para la democracia.

Casi 50 cámaras en el barrio de Lavapiés y otras 150 en el resto de Madrid. Barcelona acaba de instalar siete cámaras más en La Rambla, que se suman a las nueve en la zona del Raval y el barrio Gótico. Valencia cuenta con un sistema de webcams con el que se realiza un control estadístico de afluencia de público a playas y Sevilla tiene un sistema de cámaras en la zona centro que está pensando en ampliar. Pero, ¿nos inquietan a los españoles tantos ojos mirando nuestras vidas?

El último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) confirma que no, que un 75% de los encuestados no ve mal la instalación de cámaras de seguridad, públicas o privadas. El argumento suele ser la mejora de la seguridad, como en el caso de la calle Montera de Madrid, donde, como comentan desde la comentan desde la Concejalía de Seguridad, la vigilancia ha ayudado a proteger a los turistas. Las cámaras se terminan poniendo, según las autoridades, “a petición de los ciudadanos”.

Pero el crecimiento exponecial de la vigilancia ha llevado a algunos colectivos a organizarse contra la mirada indiscriminada y orwelliana de la administración. Un informe reciente de la Agencia de Protección de Datos advierte de que la instalación de dispositivos de vigilancia se duplicó en España de 2007 a 2008 y, a falta de datos definitivos, prevé un crecimiento mucho mayor en el año 2009.

No es bueno que una sociedad democrática desarrolle tolerancia a la presencia de cámaras“, aseguran desde el colectivo Zemos98, para quienes los datos de proliferación de cámaras es “alarmante”. Esta asociación lleva años esgrimiendo argumentos teóricos y prácticos contra la videovigilancia con diferentes proyectos, como ‘La calle es de todos’ o ‘Capsula Orwell’. Para ellos es evidente la erosión al derecho de la privacidad y por eso organizan acciones como la que han protagonizado recientemente contra las cámaras que vigilan el acceso a la almendra de Sevilla.

La doble función de las cámaras de tráfico

En el barrio madrileño de Lavapiés, un grupo de vecinos ha venido organizando protestas y diseñando carteles bajo el nombre ‘Un barrio feliz’, una clara referencia al título de Aldous Huxley. Otros colectivos, como Portuseguridad.org, denuncian un problema en el que muchos no habían reparado: las cámaras que vigilan el tráfico “se están utilizando para seguridad ciudadana, sin tener autorización para ello”.

A parte de las cámaras de la DGT en carreteras o autopistas, se están instalando dentro de las ciudades cámaras en semáforos de cruces “conflictivos”, también dependientes de ayuntamientos, las cuales nos son familiares de teleseries estadounidenses. En Madrid ya existen 15, con autonomía para multar. También las hay en León, Bilbao o Barcelona.

De alguna manera, argumentan desde estos colectivos, la videovigilancia está condicionando la vida pública. “A pesar de estar acordes con la legalidad vigente (Ley Orgánica 15/1999 del 13 de diciembre de protección de los datos de carácter personal LOPD), las cámaras no distinguen entre los que cometen delitos y los que no. Además, no es efectiva. Y sí existen estudios al respecto sobre su poca efectividad“.